Primer día en el campo

Diario de veranoDía 10 de julio, lunes

Mateo y Genovevita se vienen a mi cama reclamando besos y desayuno.

Enseguida el olor a tortitas y café llena la casa.

Desayunamos en el porche y yo, tentada sin remedio, me zampo una de sus tortitas… Ya tendré tiempo de quemar calorías.

Ordeno un poco mi armario mientras los niños para mi sorpresa en lugar de ir a la TV salen al jardín. Grabo un vídeo por si sus padres no me creen. La peque se sienta y en alto va recitando un cuento, exactamente con las palabras que ayer le leí, ella no sabe todavía.

Mateo da unas patadas al balón.

Enseguida nos ponemos a la tarea de hacer bolas de sales para la bañera, para curar la piel y para perfumarnos de lavanda.

Lo hacen serios, fijándose, calculando y ¡sin reñir! Hacen para toda la familia aunque yo pienso gastar en ellos la mayor parte. El bicarbonato que contiene deshará la costra de sus pies todo el día descalzos.

No hace calor, es un día luminoso y la reciente lluvia ha dejado un olor a tierra mojada que da gusto. 

Como les he hecho su comida preferida todo es una felicidad continua. Por la tarde nos vamos de paseo, con el abuelo incluido, todos de la manera más absurda para caminar por el campo, es decir, con chanclas…

Pero como todos vamos igual nadie protesta. Nombramos a Mateo capitán para que vaya abriendo camino por donde menos ortigas haya y menos nos pinchemos. Genoveva reclama el segundo puesto de la fila.

Llevamos una bolsa con pan duro y aunque nuestro propósito es dárselo a los animales de la granja del vecino, casi una barra cae entre los cuatro. Se ve que a todos se nos ha despertado el hambre o la envidia de las ovejas y caballos que íbamos a alimentar.

Les tiramos el pan por encima de la verja y las ovejas aunque parecen tontas no han dejado que el caballo pillara ni un trozo. Mateo defensor de pleitos pobres y siempre preocupado por la justicia ha dado media vuelta con la bolsa de pan para evitar continuar con ese oprobio al caballo.

En la misma bolsa de pan hemos ido metiendo un par de almendrucos de cada arbolillo del camino. 

– No cojas más de dos le digo a Mateo.

– ¿Por qué? Es mejor llevarnos todas las almendras de un solo árbol que fastidiar un poco a todos. ¿No?

– Yo lo digo por experimentar y ver si algunas están ya maduras o no, yo creo que es muy pronto para coger almendras.

– Yo no llego. Dice Genoveva.

– Bueno, tú llevas la bolsa. Le dice su hermano compasivo.

– Tres mil pasos hemos hecho, de los míos.

Y así cargados y cansados hemos vuelto a casa. De su baño la satisfacción de probar las sales que habían preparado por la mañana, el agua de la bañera negra como el tizón y un gusto especial por ponerse los pijamas limpios y cenar sin queja por el menú que ellos mismos han pedido.

Pero como la felicidad nunca es perfecta, la batalla de acostarse ha sido un ir y venir pasillo arriba pasillo abajo hasta que nos hemos sentado en el sofá y hemos empezado a amenazar histéricos con llamar a sus padres. ¡Mano de Santo! Al fin se hizo el silencio! 

Con lo que a mí me gusta acostarme con ellos y charlar hasta quedarme dormida (antes que ellos, eso es verdad) pero mi hija me ha dicho antes de irse que me porte bien y no les malacostumbre…que en su casa se duermen solos… ☹️
 

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s